Es muy difícil que a Borja Iglesias le dé tiempo a coger el tren de la Eurocopa, pero de lo que no hay duda es que está llevando una progresión ascendente esta temporada a la par que todo el Betis. El Panda vive un buen momento y, aunque aún no ha llegado al nivel que ofreció hace dos temporadas en el Espanyol, sí empieza a parecerse al jugador por el que el Betis apostó tanto en el verano de 2019.

Pese a sus escasos 622 minutos de juego, (repartidos en 17 encuentros, con solo cinco titularidades), los está sabiendo aprovechar. Tardó en ver puerta en LaLiga, pero ahora ha cogido buen ritmo. Lleva seis goles, cinco de ellos en los últimos tres partidos (que se suman a los dos conseguidos en Copa ante la Real, haciendo 7 en los últimos 8). No es una cifra alta, pero lo interesante es ver su ratio de conversión.

Lleva casi un gol por cada 90 minutos (0,86). La temporada 2018-19 en el Espanyol hizo 0,52 goles por cada 90 minutos, por establecer una comparación. Y hace 0,36 goles por cada tiro (0,16 de periquito). Y si es a puerta, es infalible. Cada disparo suyo entre palos se ha traducido en gol (por 0,40 vestido de blanquiazul).

En definitiva, Borja tira menos -quizás producto de esa menor cantidad de minutos- pero es mucho más preciso. Su eficiencia anotadora no deja lugar a dudas, como bien demuestra su diferencial entre sus goles y sus goles esperados (xG, métrica que evalúa la calidad de sus tiros). En este sentido, el Panda es a día de hoy el quinto mejor jugador del campeonato. Su diferencial es de 2,4 goles. Es decir, que según la dificultad de las situaciones de tiro que ha tenido, debería haber marcado 3,6 goles y no 6. Está rindiendo por encima de lo esperado.

Además, se ha convertido en el mejor abrelatas de LaLiga, un aspecto en el que también fue de los mejores cuando militaba en el Espanyol. Aquella temporada solo le superó Stuani. Este curso lo ha hecho en cuatro de los cinco partidos de LaLiga donde ha anotado. Abrió el marcador en los dos duelos contra Osasuna, frente al Barcelona y frente al Getafe. Tan solo no lo hizo ante el Alavés, partido en el que luego hizo un doblete.

El gallego ha tenido que reinventarse para volver a ser determinante. En el Espanyol era un jugador con mucho más peso en el juego del equipo, en la construcción. Se podría decir que hasta más completo. ¿Es peor jugador? No. Simplemente ahora es más ‘killer’, más rondador de área, más rematador. Ha cambiado el rol. Ahora, por ejemplo, hace menos pases en general y también menos pases progresivos (hacia adelante). Sin embargo, al margen de su actitud frente a la portería, se prodiga más en el regate y con éxito, siendo de los delanteros del campeonato que mejor tasa tiene en este apartado.

Su debe está en el juego aéreo. Pese a ser un futbolista de envergadura (mide 187cm), no suele ir a duelos aéreos ni tampoco cuando va los suele ganar. Ya era algo que le faltaba en el Espanyol, pero su rol en el Betis, más cerca del área todavía, lo echa en falta.