Se cumple un mes desde que el Barcelona anunció que en la próxima temporada (20-21) el Camp Nou incorporaría por primera vez en su historia el apellido de una marca comercial. La idea resultó un notición por lo que supone de rompedora en una tradición centenaria y porque en esa primera temporada los beneficios recaudados irían íntegramente destinados para la lucha contra el Covid-19 en una iniciativa que se ganó lugar en la prensa de todo el mundo.

Un mes después de lanzar la idea, el Barça se encuentra en mitad del proceso de selección. Desde el club se dieron «unos dos meses de plazo, porque esta ayuda tiene que llegar lo antes posible», según dijo el vicepresidente e ideólogo de la iniciativa, Jordi Cardoner. Por tanto, la elección del primer apellido del Camp Nou se espera que coincida con la vuelta de la competición oficial.

No es obligatorio, pero desde el departamento comercial del Barcelona ven muchas opciones de que la empresa que llegue para la campaña que viene se quede ya en el Camp Nou. Cardoner declaraba a L’Esportiu de Catalunya que «sabemos que ese primer año tendrá un impacto tan importante para la empresa que logre poner su nombre junto al del Camp Nou que seguramente querrá continuar esa alianza». Desde el departamento comercial son más prosaicos: «cuando una cosa ya tiene un nombre, no es buena idea cambiarlo».

Así pues, el Barcelona espera que después de este primer año de un Camp Nou solidario a favor de la lucha contra el Covid-19, esa marca se consolide por un período de tiempo que permita a la entidad acometer los retos económicos de un futuro inmediato. Especialmente, la faraónica obra del Espai Barça. En el plan de negocio del Espai Barça está que los tittle rigths (apellido) del Camp Nou se firmen por 20 ó 25 años.

De momento, el Barcelona no se ha puesto cifras, pero calculan que unos 10 millones de euros sería la cantidad que podría tener el apellido del Camp Nou en un contexto de emergencia. A partir de la 20-21 el precio sería otro buscando el mejor contrato del fútbol europeo. Como referencia, el Manchester City recibe 21 millones anuales para que su estadio se denomine Etihad y el Tottenham estaba negociando un patrocinio para el nuevo White Hart Lane por valor de 28 millones anuales.

Empresas catalanas, españolas, chinas y norteamericanas se han interesado por el proyecto. Algunas ya se habían interesado antes por la posibilidad de asociar su marca al Camp Nou. Todas han recibido un dossier de unas diez páginas en las que se les explica que es lo que el Barça les pide. Fundamentalmente es una declaración de intenciones en torno a compartir los valores del deporte. Se ha cribado a algunas corporaciones que a pesar de tener mucho dinero no parecieron adecuadas, como es el caso de Swissx, dedicada a la comercialización de productos deribados del cannabis propiedad del controvertido millonario Aliki David. En un mes, se espera el fútbol y la solución.