Ya entre bromas y no bromas, como Madrid y Barça han goleado en sus primeros compromisos ligueros, han empezado a salir las voces que dicen que ni Messi era la piedra angular ni Ramos era tan líder. Y yo entiendo el mecanismo de defensa anímico del socio, del aficionado y del seguidor de a pie. Ante hechos consumados hay que adaptarse. Ya no están y, como ha sucedido en la historia de la propia humanidad, aparecerán otros. Es lo lógico, lo razonable y lo que hay que hacer. Ilusiones nuevas. Pero para acabar diciendo que el nuevo propietario del número 4 de los blancos o del 10 de los azulgrana (aún sin nombre) son mejores que sus antecesores, habrá que esperar. Pero no una semana ni dos, ni algunos meses ni una temporada. Para valorarlo con cierta justicia habrá que darle un poco de recorrido. Cosa distinta es que no quede otra y la propia ley de la vida obligue a otros a dar un paso al frente, pero, sin Messi y Ramos, nuestra Liga es un poco menor. Por lo menos, en principio. Eso es seguro. Cuando empiece la Champions ya veremos cómo se cruzan las emociones. Hasta ahora, sensación de añoranza, después… Yo no tengo duda de que nuestra Liga baja un pequeño escalón, de entrada. Mantener lo contrario sería una estupidez, sobre todo desde el punto de vista emocional.
Pero de la misma manera que esto es una obviedad y que estas dos estrellas, los dos excapitanes, dejan un vacío, también dejan un hueco y ahí se deben colar otros jugadores que están obligados a asumir esas responsabilidades. Eso sí, una cosa son unos minutos y otra, una década y media de liderazgo, de títulos y de mantener el peso de la responsabilidad que significa tener la obligación de ganar siempre. No partidos, me refiero a levantar trofeos.
Lo veremos, estos dos clubes tienen un histórico como para soportar esto y mucho más, pero otro Messi y otro Ramos tardaremos en verlos en nuestro fútbol, entre otras cosas, porque las leyendas se fraguan a lo largo del tiempo y ha pasado muy poquito como para atreverse a pasar página precipitadamente señalando ya a sucesores. Estos dos son palabras mayores, demos un poco de tiempo y saldrán, ¡cómo no!, pero no en una jornada. Como siempre en esto del fútbol, la exageración y la precipitación presidiendo por encima de cualquier otra cosa, que para mí es la reflexión. Enseguida nos daremos cuenta todos cuando otro Messi u otro Ramos estén sobre un campo. No es necesario forzar la máquina. La Liga va a ser buena, competitiva y bonita. De eso también estoy seguro.