Milla ya dejó entrever la anterior campaña su gran potencial, pero una inoportuna lesión le impidió desplegar todo su talento. Ahora, una vez recuperado, el madrileño no ha tardado en empuñar el báculo de mando en el Granada de Robert Moreno, convirtiéndose en el catalizador del juego rojiblanco como demostró en La Cerámica.

Con una capacidad natural para controlar todo lo que ocurre a su alrededor, Milla fue el encargado de comandar las operaciones andaluzas, apareciendo en todos los rincones del terreno de juego para asociarse y lanzar ataques verticales a la menor ocasión, repartiendo un total de catorce pases, con un 87% de efectividad.

Con el balón el poder del Villarreal, Milla también supo desplegar su versión menos vistosa, pero en la que se desenvuelve con igual efectividad, poniéndose el mono de trabajo para tratar de contener las numerosas incursiones del rival en territorio nazarí. En apenas noventa minutos, Milla se ha revelado como el mejor `fichaje del nuevo curso.

Tarea oscura

Como compañero en la medular de Milla se estrenaba Monchu, que además vivió su debut en Primera. El mallorquín no pudo firmar un encuentro brillante con el balón en los pies, pero, al igual que su pareja de baile, supo apretar los dientes y trabajar sin descanso en tareas defensivas, algo que seguro dejó satisfecho a Robert Moreno.