Que las pretemporadas solamente sirven para «cargar las pilas» o «poner a tono» a los jugadores es un mantra antiguo. «Hay que volver a restablecer las relaciones del juego», se arranca Óscar Cano, entrenador del Castellón y estudioso de este deporte, escritor de libros, conferenciante y profesor. «En dos meses se han perdido las señas de identidad, los movimientos y los automatismos de los equipos. La gente asocia rendimiento a estado físico más que al trabajo táctico, cuando olvidamos que el futbolista siempre está predispuesto al entrenamiento y a la competición», reincide Dani Fernández, profesor de la Escuela Nacional de Entrenadores.

Desde el conocimiento y la experiencia, y a la espera de que se reanude la competición, ambos comparten la idea de que es necesario al menos un mes de entrenamiento para que los equipos puedan ser reconocibles y acercarse a lo que eran antes del parón por el COVID-19, con el problema que puede surgir si los jugadores no pueden entrenar de manera colectiva, todos juntos. «Los equipos deben entrenar en la especificidad durante un tiempo. Le pondré un ejemplo. Cuando estaba de coordinador en un club de Granada, vino a entrenar un chico que era campeón andaluz en varias pruebas atléticas. Quiso probar con nuestro Juvenil C. Abandonó el entrenamiento exhausto. Ahora los jugadores en sus casas mantienen el tono muscular y articular, pero deben hacerlo desde el juego», reflexiona Cano.

Al margen de adquirir de nuevo esa «especificidad» también condicional, ambos entrenadores divergen relativamente en un aspecto. ¿A qué tipo de equipos puede perjudicar más este parón? Fernández es más aventurado: «Considero que se verán más afectados aquellos que tienen un alto nivel de organización, como por ejemplo Getafe o Real Sociedad. En cambio, otros que se basan más en el talento individual, como Barcelona o Real Madrid, podrán competir mejor».

Aunque Cano comparte parte de la reflexión, considera que «no sabemos el impacto, también pueden rendir mejor los que hayan construido anteriormente esas relaciones, aunque al final primará, como siempre, el que tenga mejores jugadores». Sea como fuere, el entrenador del Castellón advierte: «Hay que tener en cuenta que se volverá a jugar en la parte más determinante del campeonato, con todo lo que eso conlleva».

«Jugar a puerta cerrada es otro deporte»
Al margen del acondicionamiento físico y también cognitivo de los jugadores, a todos los cuerpos técnicos se les viene encima una gestión emocional minuciosa e incierta, que puede también marcar el devenir de la competición. Fernández se fija en aspecto, un mero detalle, pero que es capital. «Mantener el contacto con los jugadores a través de la tecnología es sencillo, pero se pierden los vínculos del vestuario. Y cuando se vuelva no sabremos cómo serán relaciones habituales. Los jugadores se tocan, se dan collejas, se abrazan… Hay ese contacto que es sano. Parece una tontería, pero fortalece el grupo», advierte.