El proceso de vuelta a la normalidad, o a la nueva normalidad, el concepto de moda, ha tenido en el Real Madrid un nombre propio, el de Eden Hazard (29 años). La recuperación del belga es total y, según ha podido saber AS, se siente preparado para ser titular ante el Eibar. La decisión va a depender de Zidane (queda una semana de entrenamientos y aún no ha comunicado nada), pero, si la última palabra fuera del futbolista, el próximo domingo en el Di Stéfano (19:30 horas) serían él y diez más. Está todo lo bien que puede en un contexto tan particular: únicamente le falta, como al resto de la plantilla por la inactividad, el ritmo que dan los partidos. Y eso es lo que necesita: minutos para alcanzar su pico y mejorar sus registros actuales, de un gol y cinco asistencias.

Este periódico ha venido contando paso a paso la magnífica evolución de Hazard, el mayor beneficiado por el parón a causa del coronavirus. Su lesión en el Ciutat de València el 22 de febrero preocupó notablemente al Madrid, que veía cómo un segundo percance y de forma casi consecutiva en la misma zona hacía peligrar la presencia de su gran estrella en lo que restaba de curso. Tras una inversión de 100 millones de euros más variables el pasado verano, la primera temporada del atacante parecía condenada a la desilusión por los problemas físicos.

Sin embargo, la pausa en la competición por la pandemia sirvió a Hazard de bote salvavidas. El 5 de marzo era operado con éxito en Dallas de una fractura en el peroné distal derecho y, apenas unos días después, recién aterrizado en España, fue informado en Valdebebas con sus compañeros de que el positivo de Trey Thompkins, de la sección de baloncesto, obligaba a cuarentena domiciliaria durante al menos dos semanas. Ese periodo se vio incrementado al decretarse el estado de alarma, tiempo aprovechado por Hazard para ir cumpliendo los plazos.

La retirada de los puntos y las exploraciones superadas las dos primeras semanas, consideradas claves por los especialistas para comprobar el progreso después de una intervención quirúrgica como la suya, hicieron cundir el optimismo. Todo iba de maravilla y el 30 de abril AS desvelaba dos pasos trascendentales en su rehabilitación: Hazard no sólo había empezado a correr, sino también a entrar en contacto con al balón en su casa.