Cuando el Real Madrid comunicó a Odegaard que le quería de vuelta para esta temporada 2020-21, desechando el pacto verbal con la Real de que podría seguir en Anoeta un curso más si todas las partes así lo deseaban, inmediatamente se generó una duda en el entorno madridista: ¿vuelve para hacer plantilla o vuelve para jugar? Una duda lógica, en un Real Madrid con un tridente medular Casemiro-Modric-Kroos que a Zidane le ha dado, entre otras cosas, dos Ligas y tres Champions, además de con un cuarto hombre como Valverde que el curso pasado se ganó las estrellas en el hombro con su despliegue y energía, taponando con su juventud las carencias de sus compañeros en la media, más cargados de años.

Sin embargo, el Madrid hizo correr que el regreso del noruego era decisión de Zidane, satisfecho con sus cesiones en Holanda (sobre todo la última en el Vitesse) y, sobre todo, en la Real Sociedad, donde se convirtió en uno de los futbolistas de la Liga 2019-20, al mando de las operaciones de uno de los equipos más atractivos de ver la campaña pasada. El técnico, consciente de que el verano de 2020, marcado por la crisis sanitaria del coronavirus y sus consecuencias económicas para el fútbol, era de mucha venta y poca compra (más bien ninguna), vio en Odegaard la posibilidad de incorporar un medio de alto nivel para generar competencia en la sala de máquinas. Y, de momento, está justificando su decisión con hechos: dos partidos, dos titularidades para el nórdico.

Convencer a Zidane

Pese a que acabó la temporada pasada con molestias y empezó la pretemporada del mismo modo, Odegaard se empeñó en convencer a Zidane desde el primer minuto. Acortó sus vacaciones para irse a trabajar al Centro de Alto Rendimiento de Sierra Nevada y comenzar así con mejor punto de forma la preparación. Zidane vio el esfuerzo y lo recompensó con la inclusión en el once de Anoeta, en la segunda jornada de LaLiga (el Madrid tiene aplazada la primera). Como el mediapunta de un 4-2-3-1, dejó 69 minutos de destellos, sin mayor trascendencia.

Para colmo, a su regreso de San Sebastián dio un falso positivo por COVID-19 en un test PCR que amenazó con cortar de raíz el ritmo del Real Madrid, pero la prueba posterior confirmó que no había infección. Sin embargo, eso le llevó a incorporarse tarde al trabajo con el grupo, lo que no impidió a Zidane volver a alinearle como titular en Sevilla ante el Betis, de nuevo como mediapunta en un 4-4-2 con la medular formando un rombo. De nuevo, algunos destellos, pero un final amargo: dejó muy suelto a Carvalho en la acción del 2-1 y Zidane le dejó en el banquillo tras el descanso, dando entrada a Isco. Aun así, tiene motivos para sonreír Odegaard, pues Zidane parece colocarle, al menos de momento, en el grupo de titulares y son otros los que rotan.

Odegaard: mediapunta o interior

Pero no todo marcha tan bien. El rendimiento intermitente puede tener, y de hecho tiene varias explicaciones: las molestias que viene arrastrando por una tendinopatía rotuliana en la pierna derecha, la corta preparación (pese a que no fue con Noruega, por decisión propia), la ausencia de amistosos para rodar al equipo blanco (sólo uno, ante el Getafe)… y el sistema, donde Odegaard parece que no termina de encontrarse.

Zidane parece mandar un mensaje claro con sus alineaciones: los puestos de mediocentro e interiores, con Casemiro, Valverde, Modric y Kroos, están bien cubiertos; es en la mediapunta donde Odegaard tiene su sitio para el preparador francés, un sitio que le avanza demasiado sobre el césped y le obliga a jugar demasiado tiempo de espaldas y demasiado poco de cara al juego. En lo que va de curso, promedia 54 pases y 46 desplazamientos buenos cada 90 minutos; el curso pasado, en la Real, eran 53 y 45, respectivamente. Números muy similares, pero en contextos muy diferentes: la Real dio la Liga pasada 485 pases por partido y promedió una posesión del 56%; el Madrid, de momento, da 616 por duelo y su posesión media es del 61%.

Más balón, menos influencia

Es decir: ha aterrizado en un equipo más acorde a sus condiciones, con más balón y más circulación, hasta 131 desplazamientos más por partido que en la Real de hace un año, pero todo ese flujo de juego extra recae en otros. En la Real, su mejor nivel llegó como interior por la derecha, con espacio para recibir y arrancar las jugadas, además de para lanzar diagonales con las que sacar con más facilidad su zurda, estupenda en la media distancia. El curso pasado, promediaba en Liga un disparo cada 70 minutos; este año, en 114′ y jugando más cerca del área, ninguno de momento.