Además del ERTE anunciado sobre jugadores y técnicos y de la incertidumbre de qué sucederá con su permanencia en Primera, en función de si se reanuda o no LaLiga, añade el Espanyol a su lista otra inquietud en estos días de confinamiento por el COVID-19: el conjunto perico cierra su peor marzo y, en consecuencia, parece haberse olvidado de ganar.

La suspensión de LaLiga y de toda actividad deportiva justo antes de la entrada en vigor del estado de alarma comportó que no pudiera el Espanyol recibir al Alavés ni visitar al Getafe, rivales con los que tenía previsto según el calendario cerrar el mes después de haberlo iniciado con un valioso empate en el RCDE Stadium contra el Atlético de Madrid (1-1) y de cosechar una amarga derrota en El Sadar ante Osasuna (1-1), el último partido disputado hasta la fecha, el pasado día 8, aunque parece que haya transcurrido una eternidad.

Un punto constituye el peor registro en marzo de la era Cornellà. Solo en 2015 se había quedado también sin ganar, pero entonces sumó dos puntos. En el tercer mes del año, había sumado el Espanyol en la última década hasta 13 victorias en 45 partidos jugados. Entre ellas, algunas sonadas como el 2-1 al Betis de 2017 (con gol ‘in extremis’ del añorado José Antonio Reyes), el 5-1 al Rayo Vallecano de 2012 (con tres goles de Kalu Uche, dos de Phillipe Coutinho y uno de Raúl Tamudo, pero en el bando vallecano) o el 2-0 al Sevilla de 2010 (con doblete de Dani Osvaldo).

Lo peor para el Espanyol, sin embargo, es que no ha sido este dificultoso marzo el único mes de esta temporada que ha cerrado sin victorias. Tampoco ganó ningún partido en agosto, en noviembre ni en diciembre. Pero entonces tenía el consuelo de sus satisfacciones en las previas y la posterior liguilla de la Europa League. Ahora, lamentablemente, no le queda ni eso.