El Atlético tiene que resolver su situación en LaLiga en las once jornadas que restan para no tener que fiar su futuro económico y deportivo a la bala de la Champions. Si se retoma la competición, como el club rojiblanco necesita imperiosamente y todos los estamentos manejan ya, al Atlético no le cabe otra que alcanzar una de las primeras cuatro plazas para mitigar los efectos devastadores del coronavirus en su presupuesto. Ese presupuesto récord permitió al club llevar a cabo el pasado verano la mayor inversión de su historia en un futbolista y ahora espera que este arrime el hombro para poder salvaguardar, dentro de lo que cabe, ese mismo caudal de ingresos. Las miradas en este final se van a poner en João Félix, quien hasta el momento ha dosificado sus apariciones mucho más de lo deseado. Regularidad y protagonismo acorde con su inversión. El deseo es que se acomode, por fin, en el particular ecosistema rojiblanco y recuerde al del Benfica, en cada partido.

La responsabilidad hay que compartirla. Otros llamados a liderar, como Oblak por ejemplo, no faltan a su cita diaria. Pero la impresión es que João Félix no se encuentra aún tan cómodo. Hace unos días, José Boto, exjefe de ojeadores del Benfica y quien ha visto durante años crecer a João Félix en Seixal, daba sus claves. «João destacaría más si jugara en otro modelo, donde no se le pidiese tanta tarea defensiva y, sobre todo, el que no tuviera que arrancar desde tan atrás. Él trabaja, lo hacía en el Benfica, pero no tenía que venir tan atrás. Realizaba su trabajo defensivo, pero más cercano al área, donde él marca la diferencia y no se desgasta tanto. Cuando llega a su zona le falta esa frescura para dar lo mejor de sí», afirmaba el técnico portugués.