Lo dijo muy claro Abelardo en la previa: se pueden fallar pases, se pueden fallar centros… pero en el Deportivo Alavés la actitud no se negocia. Pues bien, esas palabras parece que han surtido efecto entre los jugadores. Ante el Sevilla, un equipo superior en la clasificación, en el presupuesto y en el fondo de armario los albiazules tiraron de casta y se desfondaron durante todo el encuentro.

Es cierto que la derrota duele, siempre lo hace, y más si al 1-2 le sumamos el penalti que Joselu no pudo convertir en el minuto 89 de partido. Pero hay que mirar atrás y recordar cuales eran las sensaciones que el Deportivo Alavés transmitía hasta hace unos pocos días. Partidos en los que el juego era nulo y la creación y las ideas brillaban por su ausencia, pocos tiros a puerta, errores grotescos… todo apuntillado por la derrota por 5-0 ante el Almería, equipo que milita en Segunda División, y la eliminación en la Copa del Rey.

Tras todo eso, varios podrían pensar que el Sevilla le iba a aplicar otro duro correctivo al Alavés, pero ni mucho menos. Las líneas juntas y ordenadas, esfuerzo colectivo en todo el campo, y más tiros y ocasiones que en los últimos encuentros de Liga juntos. Es evidente que hay carencias que hay que pulir, y que queda mucho trabajo por delante, pero lo mostrado hoy es el camino, y Abelardo ha venido para guiar al Deportivo Alavés en ese camino.