Josep Maria Bartomeu está viviendo sus momentos más convulsos como presidente del FC Barcelona. Ni tan siquiera comparable a enero del 2015, cuando se vio obligado a adelantar elecciones tras el rifirrafe abierto entre Luis Enrique y Messi. Ahora la situación del club y del presidente en concreto es muchísimo peor: señalado por una planificación deportiva desastrosa, que ha dejado al equipo con sólo 16 jugadores disponibles, echando a un entrenador a mitad de temporada cuando era líder en LaLiga, disparando el presupuesto del Espai Barça de 600 a 800 millones sin pasarlo por Asamblea, acusado de pagar presuntamente un millón de euros a una empresa para monitorizar las redes sociales y de paso difamar a personas del entorno blaugrana, enfrentado con parte de su directiva porque se consideran sistemáticamente ninguneados y obligado a bajar cada dos por tres al vestuario para apagar incendios, como el de secretario técnico, Eric Abidal, que acusó a los jugadores de «trabajar poco» en los entrenamientos con Valverde y ayer mismo por la polémica de las cuentas difamatorias en las redes sociales, con dos capitanes afectados directamente, Leo Messi y Gerard Piqué. Unas explicaciones, las del presidente, que no acabaron de convencer a parte de la plantilla, tal como adelantamos en exclusiva en AS.

Sin embargo, a día de hoy, Bartomeu se mantiene inflexible en finalizar su mandato, que expira en junio del 2021. Consciente que el equipo es el único que le permite seguir sacando la cabeza a flote, el presidente se agarra como a un clavo ardiendo a la posibilidad de conquistar un doblete, Liga y Champions. Aunque en todo caso las sensaciones no son las mejores: el equipo perdió el liderato a la segunda semana que Quique Setién estaba en el banquillo del Barcelona y regresa a Europa con las bajas de jugadores tan importantes como Luis Suárez, Jordi Alba o Ousmane Dembélé.

Según aseguran desde su entorno, el presidente se siente fuerte para seguir adelante contra viento y marea. Pero también parece evidente que una debacle deportiva en las próximas semanas, ya sea con una derrota contundente ante el Real Madrid en el Bernabéu o una eliminación prematura en la Champions, podrían acabar precipitando los acontecimientos. Sobre todo si después llega una respuesta masiva del socio en forma de pañolada en el Camp Nou y señalando al palco y más concretamente a Bartomeu. Sería entonces, como le pasara en su día a Joan Gaspart, que el dirigente se replantearía su futuro. Hasta entonces ha decidido aguantar, pese a quien le pese.