De momento, el Barça cuenta con Antoine Griezmann (1991) para la próxima temporada. Confirma, primero, que aún hay confianza en el francés campeón del mundo, que llegó el verano pasado por 120 millones de euros como fichaje estratégico. Y segundo, que en el club azulgrana ven casi imposible poder cerrar a la vez las operaciones de Neymar y Lautaro Martínez.

Pero el Barça espera más de Griezmann. Empezando por el presidente, Josep Maria Bartomeu, siguiendo por la secretaría técnica que encabeza Eric Abidal; y terminando por los técnicos. Setién le dio a Griezmann uno de los grandes palos de la temporada cuando le dejó fuera del once inicial en los cuartos de la Copa del Rey ante el Athletic en San Mamés para apostar por un chico de 17 años, Ansu Fati. Eso no gustó nada a Griezmann, que además luego no pudo sacarse la espina y falló un gol cantado en la segunda parte cuando estaba en el césped.

Griezmann ha jugado mucho esta temporada. En LaLiga ha participado en 26 de los 27 partidos del campeonato. Ha empezado de titular en 25 partidos y sólo se quedó sin tener minutos en el partido contra el Sevilla. Ha marcado ocho goles con mucho significado. Siete de ellos fueron el 1-0, el gol que más vale en el fútbol. En la Champions también ha hecho un gol importante (la ida de octavos ante el Nápoles) y salvó a Setién de un ridículo espantoso en Ibiza a la semana de llegar con sus dos goles. Por eso no pudo entender su suplencia en San Mamés.

Pero el rol de gregario de Griezmann ha dejado dudas en el club. Se valora su humilad para ponerse al servio del equipo, y especialmente de Messi, desde su llegada. Pero Griezmann llegó como un fichaje estratégico y con la obligación de ser una estrella al nivel, como mínimo, de Luis Suárez. Y eso no ha sucedido. Por eso la cúpula del club quiere que dé un paso adelante y que si tiene, digamos, volver más egoísta, lo haga. Que sea más líder porque Messi va necesitando cables del resto.

La temporada que viene será determinante para Griezmann. Que salga, en este momento, resulta un escenario poco probable por más que La Gazzetta le haya situado en la pole de candidatos al intercambio con Lautaro. Primero, porque el jugador, que se ha integrado sin dificultades a la ciudad, es el primero que tiene la intención de cumplir con su contrato y, sobre todo, triunfar en el Barça. Y luego porque el Barça, salvo un momento de desesperación en el que pueda ofrecerlo para abaratar la operación de Neymar, quiere que el segundo año sea el de su confirmación. El verano pasado, Bartomeu ya se negó a participar de esa ensoñación de alguno de sus directivos. Bartomeu decidió aprobar el fichaje de Griezmann pese a su feo del año anterior con La Decisión y quiere ser el presidente que lo trajo y le hizo triunfar. Pero también que le dé algo más al Barça.